Semblanza

Charlando con mi colega —o excolega, porque ya estoy jubilado— y, más que colega, amigo, el doctor Miguel Piedecasas, me embretó… ¡me embretó! para que esbozara una semblanza de quien fuera nuestro coterráneo, el doctor René Pérez.

Principalmente por haber sido vecino de Rojas, donde René Pérez tenía su residencia habitual junto a su familia, y también tenía su estudio jurídico.

Bueno, hablar del doctor René Pérez es hablar de un hombre de bien. Yo diría que para hablar del doctor René Pérez tenemos que ponernos de pie. Sí, reitero: para hablar de René hay que ponerse de pie.

Porque es hablar de un gran hombre, un hombre de bien, diríase; un hombre decente, que su bastión fue la honestidad. Sin esfuerzos; le era natural. No pensaba en ser decente y honesto porque él era decente y era muy honesto. Y así fue como luchó y llevó adelante sus principios democráticos, que, como todos saben, lo cristalizaba en la causa de su partido, que era el Partido Radical.

Bueno, el doctor René Pérez,  en Rojas se desempeñaba en su vida privada como abogado. Y en la vida pública fue: concejal en Rojas, del Consejo Deliberante; fue dos veces diputado nacional; fue senador provincial; y fue ministro de Justicia… ¡nada menos que ministro de Educación! Nada menos que ministro de Educación, porque lo que él amaba y anhelaba que la gente llegara al pendalio educativo… Él lo que amaba era la educación, y por eso fue ministro de Educación de la Provincia de Buenos Aires. Nada menos que en el gobierno del presidente don Arturo Illia, y el gobernador era nada menos que Anselmo Marini.

Porque, reitero, él amaba la educación; por eso fue docente. Fue docente en la escuela o colegio secundario de Rojas y también, volando alto, fue decano,  en la Universidad ad honorem de Mar del Plata.

René Pérez era un hombre que en el mano a mano era sencillo, con gran sentido del humor. Jamás iba a ofender. Ese humor fino, picaresco, que en cualquier reunión la amenizaba haciendo estar bien a los que estaban con él.

Él en la vida privada, como anticipé, se desempeñó como abogado. Y yo tengo una anécdota que posiblemente me marcó en mi vida y en la elección de mi carrera terciaria.

Yo allá por la década del 50 —1950, cincuenta y pico—, mi abuela Gabriela Bilbao de Castro era una de sus clientas, como arrendataria de una parcela de campo y una chacra donde vivía con toda su familia. Una chacra con vivienda precaria y la cual la cultivaban por agricultura y algunos animalitos. ¿Y qué pretendía? Que como venía el desalojo por vencimiento de contrato y estaban esperando que se prorrogaran los contratos para los arrendatarios —y arrendadores, eran los del otro lado—, pero no tenía dónde vivir, entonces recurría al doctor René Pérez.

Bueno, yo la acompañaba a mi abuela paterna y ahí fue donde lo conocí al doctor René Pérez. Más o menos con 10 o 12 años yo tendría, más no tenía. Y me di cuenta de que era una persona extraordinaria: amable, buena. Jamás le pidió adelantos para gastos a mi abuela; jamás le presupuestó el asunto. Le decía: “Doña Gabriela, quédese tranquila. Veremos después que termine esto cómo puede pagar, ya le vamos a encontrar la vuelta. Vaya tranquila, vaya tranquila, vamos a ver cómo sale el asunto y después hablamos”.

Este… Y bueno, decía que “el caballo adelante y el carro atrás”, como corresponde, porque los honorarios eran un accesorio del asunto. Lo principal y lo accesorio… Lo principal era el asunto y lo accesorio los honorarios, y por lo tanto lo accesorio sigue la suerte de lo principal, como nos enseñaban en las viejas facultades a través de sus planes de estudio cuando estudiábamos Derecho Civil y Derecho Comercial.

Así que eso lo pinta tal cual como era como persona: franco, bueno. Era un hombre bueno, pero por sobre todas las cosas era un hombre de bien.

Bueno, en lo público, se desempeñó como, concejal en el Consejo Deliberante del partido de Rojas, representando por supuesto al radicalismo. Después fue,  en el orden provincial, dos veces senador; en el orden nacional, diputado… diputado nacional, en el cual Jorge Vanossi… Jorge Vanossi lo distinguía al doctor René Pérez por sus principios democráticos y por el entendimiento y por la claridad que tenía en la interpretación de la Constitución Nacional, porque Vanossi era constitucionalista, y él admiraba al doctor René Pérez. Tal es así que en su libro, cuando habla de las instituciones y San Martín en la vida pública, lo prologa él.

Así que vuelvo a repetir: fue un hombre, privado, honesto, decente; y público, un ejemplar político, un ejemplar representante de los votos de los ciudadanos. Imagínense que en la época de Illia jamás se habló de un caso de corrupción, es más, ni se tenían en cuenta. Así que imagínense, este… René Pérez era un… era uno más en ese grupo de gente buena. Ricardo Balbín lo distinguía constantemente engrandeciéndole su actuación en representación del partido.

Y bueno, volviendo a la actividad privada y en esta semblanza, el anecdotario sería que cuando yo me recibí de abogado, precisamente por seguramente tuve en cuenta cuando iba con mi abuela y él la atendía, de que la abogacía bien ejercida es una profesión noble. Ahora, si es mal ejercida, se transforma en el más vil de los comercios, pero René Pérez estaba lejos de eso. Y a mí me quedó y me forjó.

Y cuando yo me recibí y tenía que hacer mis primeros pininos, como todo novel abogado, lo usaba, entre comillas, a René como profesional de consulta. Especialmente en lo procedimental o en cómo actuar ante la justicia, que es lo que no sabemos cuando salimos de la facultad. Didácticamente, porque él había sido docente, profesor de Educación Cívica en el colegio donde yo estudié, en el Nicolás Avellaneda, y él amablemente hacía docencia conmigo y … me explicaba cómo tenía que encarar la cosa, porque yo en el derecho de fondo tenía,  un buen enfoque jurídico, tenía criterio jurídico, pero me faltaba llevarlo adelante. En la fragua me faltaba mesa de entrada, me faltaba tribunales. Entonces él me indicaba.

Y ¡oh casualidad! que en los primeros años de ejercicio de mi profesión tuvimos dos asuntos contradictorios: él defendiendo a sus clientes y yo a los míos. Y, no sé por qué —o sí sé por qué—, obtuve sentencia favorable, seguramente porque la ley estaba a favor de mis clientes, no por otra cosa. Cuando terminaron los asuntos, una vez que quedó firme el caso en Cámara, en la Cámara de Apelaciones, le digo: “Doctor, ¿vio? Qué sé yo, ahí salió la sentencia de…”. “Sí, sí”, dice. “Y te tengo que decir una cosa”, dice: “Cuando el alumno supera al maestro es porque el maestro fue muy bueno”, y se largó a reír con esa chispa que tenía. Me palmeó, me tomó de un brazo y dice: “Bueno, vamos a tomar un café, los asuntos son aparte”. ¡Risas, risas! Este… Tenía un sentido del humor fabuloso. Era un hombre bueno.

Y bueno, así terminó la cosa y no había inquina, no había… ¿cómo se puede decir? No había encono. Después que terminaba el asunto, que se manejaba a través del expediente, la relación humana era… era cordial, como debe ser en un hombre de bien.

Y sus actitudes se plasmaron después en sus decisiones democráticas, donde él tenía un sentido, eh… de la justicia distributiva, en aquella división aristotélica. Él pujaba por una justicia… como buen demócrata que era, por una justicia equitativa.

Así que eso lo… lo transmitía y… y sirvió para forjarnos. Bueno, no es mucho lo lo que puedo decir del doctor René Pérez.  Es bueno también recordar que él había nacido en Junín allá por abril de 1913, un 17 de abril de 1913, y falleció en Rojas en el mismo mes, un 4 de abril de 1993.

Si sirve para sellar esto, quiero dejar, porque me estoy emocionando, y quiero dejar bien en claro que el doctor Pérez era honesto, que fue decente, y lo que fue, concluyendo: un hombre de bien. Esto se tiene que transmitir a todos los que pasamos por el ejercicio de la profesión o estamos en el mundo jurídico.

Así que sus obras ya se saben. La gente que está en el ámbito del derecho público ya se sabe que él escribió Apuntes para la historia de la ciudad de Junín, que era su ciudad natal, donde obtuvo un hermoso premio, merecido premio, por el Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires allá por el año 1947. También se recuerda por su sapiencia en derecho público. Uno de sus libros se llamó Origen, evolución y futuro de las instituciones políticas argentinas, que fue galardonado con el primer premio otorgado por el Colegio de Abogados de La Plata allá por el año 1969. También escribió sobre la Constitución Nacional: necesidad y oportunidad de su reforma, que lo publicó el Colegio de Abogados de San Isidro allá más reciente, en 1974, creo.

Y después una obra que ha trascendido los límites de la República es San Martín en la teoría y en la historia de las instituciones políticas, que lo hizo en 1989 y lo prologó, Jorge Vanossi, en el cual destaca la actitud sanmartiniana de René Pérez, porque él era un sanmartiniano de ley. Tenía actitud para ser sanmartiniano, porque tenía principios que se confundían con San Martín. Él encontró en San Martín un hombre desprendido de ambiciones personales y, en la teoría y en la historia de las instituciones políticas, lo desnuda de cuerpo y alma cómo era San Martín, que debe ser uno de los, si no el más, de los próceres y luchadores por lo que hoy somos.

Así que con cierto dolor, dejo sentada esta semblanza, humilde semblanza, porque no soy hombre de letras, menos locutor y menos, entrevistador y menos persona para ser consultada al respecto. Reitero y lo digo una vez más: René Pérez, para que todos lo tengan presente y sepan quién fue, fue un hombre de bien. Increíblemente querido, culto, pero sencillo. No hacía ostentación, con la modestia de los que son cultos de verdad, con la inteligencia de los que hacen siempre las cosas profundas, no pensando solo en lo material, más allá que sirva para su sustento de vida, por supuesto, y de su familia. Y con un gran sentido del humor; un amor… un humor picaresco, no ofensivo. Era de esos hombres… de una raza en extinción.

Así que su conducta, su doctrina… Para los que lo conocimos y los que lo emulamos, no tenemos más que palabras mayúsculas y, como le digo, estoy terminando este anecdotario de pie. Y es cierto, si me pudieran grabar verían que estoy de pie, porque estoy hablando del doctor René Pérez.

Bueno, para el amigo Piedecasas, que me pidió esta semblanza del doctor Perez, se la he dicho en primera persona.

¡Hasta la victoria siempre! Y que este país siga por la vía democrática como anhelaba René Pérez, y que la educación sea uno de los puntales del Estado, junto a la justicia y junto al bien común.

Un abrazo

Dr. Nelsón José Castro

Share This